IRONMAN Vitoria 2019: La carrera que el destino me debía. Va por ti, abuela.

Este IRONMAN comienza el 20 de abril de 2018. Pasadas las 12:00 de la mañana, en la M607 de Colmenar Viejo, un brutal impacto con la bici contra una señal de obras mal colocada en el arcén, acabó con el sueño del IRONMAN de Frankfurt que se celebraba en julio. Perdí esa carrera, pero gané una vida. Rodilla reventada, hombro hecho añicos y al quirófano. Poco para lo que pudo pasar.

En la operación, la anestesista antes de pincharme me dijo que pensara en algo bonito y que soñara con ello mientras dormía. Le dije que lo haría con la entrada en meta en mi siguiente IRONMAN. Ella no se lo creía. “Eres como los toreros, ¿ya estás pensando en volver?”, me dijo. El sueño de Frankfurt no se podía quedar tirado en una cuneta.

La recuperación fue dura. Las heridas de la rodilla me dieron muchos problemas y con el hombro hasta hace bien poquito, he convivido con un dolor continuo que acababa con la paciencia del hombre más tranquilo del mundo. Pero tenía claro lo que quería. Luchar, pelear y vencer. No quería ser un héroe. Simplemente quería seguir haciendo lo que más me gusta. Esto del IRONMAN me da la vida. Sin ello… ¿qué hago? ¿Volver a un gimnasio a levantar hierros? ¿Jugar partidos de Fútbol 7 en una liga de empresas? Lo siento, pero no. Esta caída no me iba a acabar con mi sueño.

Me operé del hombro el 20 de junio y en julio estaba apuntado al IRONMAN de Klagenfurt. Estaba convencido de que era una carrera espectacular para mi y mi familia. Paisaje, circuito, un país espectacular… Todos los condicionantes que busco para una competición. Pero IRONMAN anunció la compra de Vitoria y lo cambió todo. El poder tener una carrera de la franquicia a tan solo 380km de Madrid era una oportunidad que no podía dejar escapar.

Y así empezó el sueño de mi tercer IRONMAN. Tras Lanzarote 2016 y Lanzarote 2017, ya tocaba la búsqueda de un circuito que se adaptara a mis condiciones de rodador en bici. Aunque disfruto subiendo y me encanta la montaña, mis 76 kilos están ahí. El 14 de julio debería de estar en Vitoria y lucharía por ello. Y vaya si he luchado. El camino no ha sido fácil. Ya de por sí preparar esta distancia no lo es, pues si metes en una coctelera el trabajo, la familia numerosa, la operación de hombro y las secuelas de la rodilla ( rotura parcial ligamento cruzado posterior), salía un cocktel cargado con ingrediente extra de adrenalina.

Para llegar bien al IRONMAN decidí que el 70.3 Marbella y el Half Iruña Triathlon Pamplona, eran dos buenas piedras de toque para coger confianza y volver a competir. Ambas salieron muy bien. Marbella con mi mejor marca en natación (sí, después de la operación hago 31´50″ cuando no daba un duro por ello…)  y una gran bici, demostrándome en un circuito durísimo (+1500) que voy a llegar a Vitoria muy fuerte en este sector. En Pamplona fue distinto. El agua a 14 grados y la temperatura exterior de 12 me mataron. Cerca del abandono al salir de los 1900, pero tiré de orgullo para hacer un parcial espectacular en bici (+1000) parando el crono a una media de 34km/h y una muy buena carrera a pie (1h29, en 20km).

Y con todas estas buenas vibraciones llegamos a la semana previa al IRONMAN. La semana con la que todos soñamos, pero sin duda la que más tensión nos crea. Y para empezarla, el domingo me llama mi madre para decirme que mi tío ha fallecido. Tras una dura lucha contra el maldito cáncer, no aguantó más. Toda la tarde en el tanatorio y el lunes el entierro. Momento duro. Se fue un gran hombre. Siempre le aprecié mucho. Así que así empezó la semana más importante del año. Con un revés que no esperaba. Descansa en paz, amigo.

LLEGADA A VITORIA-GASTEIZ

Por fin nos plantamos donde queríamos. El viernes a la 13:30 horas la primera expedición con Rocío, Lucas, Jaco, Pablo, Bosco y servidor ya estábamos en Vitoria – Gasteiz. Comida en Asador Machete, justo donde estaba la Expo de la carrera para degustar un solomillo a la brasa increíble y recogida de dorsal. Me encantó la primera impresión de la ciudad. Allí había quedado con Diego Sarasketa, uno de los famosos Imparables y gran amigo mío. Le líe para hacer juntos Lanzarote 2017 y se había apuntado también a Vitoria. ¡Qué alegría volver a coincidir con él!

Recogimos el dorsal. Lo más importante del día ya estaba hecho. Sin colas, sin agobios. Todo muy fácil. Después fuimos a inscribir a los niños en el Ironkids que se disputaría al día siguiente. Al ser solo carrera y no haber natación, Pablo y Bosco, los más pequeños, podían participar. Imaginaos cómo estaban de felices con sus dorsales, su bolsa de competición y con correr como “Papi”.

emilio vitoriaFoto: Emilio Moreno López

Ya con el dorsal 953 en la mano tocaba ir a la casa que había alquilado en Manurga, un pequeño pueblo en medio del Monte Gorbeia a 15km de Vitoria. Con tantos que somos, más mis padres que se unirían el sábado, había que buscar un alojamiento alternativo al clásico hotel de ciudad. Por comodidad para los niños y sobre todo para yo poder prepararme toda la comida y no tener que depender de restaurantes.

El sitio era idílico. Una casa de 1864. Un anfitrión de lujo. Alberto, gracias por todo. Un porche gigante, habitaciones para meter un equipo de fútbol, una cocina con un encanto tremendo y hasta un desván al que no se podía entrar. Sí, el famoso desván de las pelis de miedo. Lo tenía fácil si alguno se portaba mal…

Después de desembarcar todo -ya os aseguro que aterrizar con 4 niños en cualquier lugar es más duro que un entrenamiento de carrera- decidimos acercarnos al Pantano de Landa para situarnos un poco de cara al sábado. La primera impresión fue buenísima. Apenas tardamos 15´en llegar y el lugar era increíble. Una playa de césped espectacular. Un agua cristalina en perfectas condiciones y todo preparado para el sábado. Casi sin darnos cuenta, habíamos liquidado el viernes. Vuelta a Manurga a cenar y tratar de descansar algo.

SABADO PRE IRONMAN 

El Ironkids me trastocaba un poco el día. La salida era a las 10:00 en el Parque de la Florida. Después del viaje del viernes donde ni hice nada más que andorrear, necesitaba activarme un poco. ¿Cuánd0? Si lo hacía pronto y luego me iba al Ironkids, ya me lo quitaba, así que pensé que era lo mejor por si luego se complicaba el día, como así fue. Así que a las 07:30 salía con la bici 30´a dar una vuelta. Flipé. Qué paisajes. Qué temperatura. Qué tranquilidad. Tuve que pararme a hacer fotos cada 5´porque me impresionaba el tremendo colorido del monte y las carreteras solitarias. Entre foto y foto una premisa clara para la carrera: controla que hay mucho tobogán y sin hacer nada estoy en 185 vatios. Grabado a fuego ese mensaje. Después de esa media horita de bici, una T2 rápida por el pueblo y a desayunar.

Día pre carrera, por lo tanto la alimentación y el descanso es FUNDAMENTAL. Lo primero lo llevaría a rajatabla siguiendo el plan que me marcó Sandra Sardina, pero lo segundo, como luego veréis, no lo iba a cumplir demasiado. Ducha rápida y al Parque de la Florida. Nos espera el Ironkids. Un montón de niños queriendo emular a sus padres. Lucas 750m, Jacobo 500 y Pablo y Bosco 250. Fue bonito y emocionante. Ver a tus hijos disfrutar mola. Mola mucho.

Después de conseguir sus medallas de finishers, nos dirigimos al Corte Inglés a comprarme unas zapatillas. Primera globerada. Había venido solamente con las que iba a correr y ya las tenía que dejar en la T2, por lo tanto estaba descalzo para el resto del día. Vaya despiste. Consigo unas y me voy a dejar todo a la transición. Momento importante. Zapatillas, gorra, gafas, geles de Maurten y 226 de cafeína, Totum y dorsal. Me acuerdo de Ruth Brito en Pamplona que fue descalificada por olvidárselo. Había que tener concentración máxima.

Eran casi las 14:00. El cansancio y los nervios empezaban a aparecer. Vuelta a Manurga para comer. 120gr de arroz blanco, dos latas de atún, pasas y un par de yogures con miel. Lo mismo que en Marbella, Pamplona… Todo controlado, pero ya eran las 16:00. Quería dormir un poco, pero el run run de dejar la bici en la T1 hacía que mi cabeza no descansara. Así que sin tiempo que perder, preparo todo y volvemos a irnos todos al Pantano de Landa a dejar las bolsas. Seguimos acumulando dosis de cansancio, pero menos mal que me fui pronto. Ahora veréis porqué lo digo…

Llego a Landa y el ambiente empieza a ser ya digno de un IRONMAN. Muchísima gente nadando, música a tope, pequeñas colas en la T1, se respiraba aroma a carrera. En el trayecto Manurga – Landa, los niños se habían dormido. Aprovecho para bajarme solo a dejar todo. Momento de máxima concentración. En Marbella cometí errores imperdonables. Aquí nada podía salir mal.

En la cola me encuentro a Diego, CEO y amigo de Planeta Triatlón. La página que estáis leyendo ahora mismo. Coloco la bici en el lugar correspondiente. Voy a quitarle presión a las ruedas para evitar cualquier susto nocturno y… ¡sorpresa! Mordisco serio en el tubular trasero. Nervios. Acudo al taller que hay en la T1 y me dicen que no debería de tener problemas. No me convencen. Llamo a Mario, mi entrenador, y me dice que me trae de Logroño pitando una rueda suya, que así no salga. Pongo una encuesta en Instagram y el resultado es abrumador. 90% que la cambie y 10 que no. Recibo mensajes de gente con muchos años en este deporte y me dicen que ni se me ocurra salir así. Así que no hay más debate. Hay que cambiar ese tubular. ¿Pero dónde?

Mis padres llegan justo a tiempo. Hablo con un juez y le explico el caso. Facilidades todas. Me acompañan a por la rueda y me dicen que me vaya a Vitoria a cambiar el tubular. Lo único que no saben si cerraban a las 18:00 o a las 20:00 horas. Y eran las 18:15… Hay que jugársela. Me cojo a mi padre y rumbo de nuevo a Vitoria. Rocí, mi madre y los niños dirección Manurga. Como veis, descanso justito, estrés máximo.

Llego a Vitoria, consigo aparcar y me voy pitando a la Expo rezando para que el taller esté abierto. Y así es. No solo está abierto, sino que me están esperando con el tubular preparado para no perder tiempo y cambiarlo. Espectacular el trato. Esto es IRONMAN. La Champions del triatlón. Me lo cambian en 5 minutos. Ya respiro. Todo arreglado. Ahora sí que sí hay que llegar a la casa y tratar de descansar algo. Llego allí a las 20:00 y toca último arreón, cena y dejar todo preparado para el día siguiente. Se me había pasado el día y ni me había sentado 10 minutos en un sillón. Daba igual ,quería amanecer ya y salir pitando a por mi carrera soñada.

DIA D. LLEGÓ LA HORA DE LA VERDAD.

Reunión familiar a última hora de la noche para decidir el plan de los supporters. No se puede llegar con el coche a Landa por lo que al final decidimos ir todos a Vitoria. Rocío se iba a quedar con los niños para que no se dieran el madrugón del siglo, pero al final todos en pie a las 05:00 am para acompañar a “Papi” a cumplir su sueño. Me em0ciona verlos tan pronto con esa ilusión. Bosco me dice a dónde íbamos, que era de noche, que cómo iba a nadar así. Y así nos plantamos a las 06:00 am en el Gran Hotel Lakua desde partiríamos rumbo a Landa junto a Mario y la rueda. Sin ella no había carrera, así que la tenía casi atada al cuello.

emilio vitoriaFoto: Emilio Moreno López

Llegamos con mucho tiempo. Unos minutos antes de las 07:00, casi una hora y media por delante para el bocinazo de salida. Me encuentro con Sarasketa. Nos deseamos suerte. Mario me dice que no hay tiempo que perder y que me vaya pitando a colocar la lenticular y comprobar que todo está perfecto. Me tranquiliza que esté conmigo. Me transmite paz y seguridad. Coloco la rueda, creo que todo está perfecto pero a lo lejos veo al mecánico que me puso el tubular al día siguiente y decido que me la ajuste bien. Estaba paranoico perdido con la dichosa lenticular. Habría sido un bajonazo no competir con ella. Me la deja perfecta y me desea toda la suerte del mundo. Maximo agradecimiento hacia él y su amabilidad.

Dejo bidones, bici colocada y me dirijo a la carpa a ultimar detalles de la bolsa. Me sorprende la cantidad de gente que hay tirada en el suelo mirando al infinito. Máxima concentración. Son momentos increíbles. Cerca de 2000 triatletas, cada uno de su padre y de su madre con el sueño de llegar a Vitoria – Gasteiz y llevarse la medalla a casa. Para romper un poco el hielo y liberar tensiones decido hacer un par de directos en Facebook e Instagram. Me sorprende la gente que se conecta a esas horas y me encanta recibir los últimos ánimos de mis amigos y de gente que no he visto nunca pero que me tratan como un amigo más. Gracias y gracias.

Está todo listo. Me pongo el neopreno hasta la cintura y salgo en busca de mi familia y de Mario. Ya tengo que abrirme hueco entre la gente porque aquello empieza a ser un hormiguero. Los encuentro, nos hacemos unas fotos, últimos ajustes al Orca 3:8 y me tiro a probar el agua. Está fresquita, pero perfecta para nadar. Intento visualizar el recorrido. Solo me queda claro que a la primera boya hay 1500 metros del tirón. Pienso que se puede hacer un poquito largo, pero es lo que hay. Últimos besos, abrazos, palabras de ánimo y rumbo al cajón de salida con los ojos vidriosos. Sí, estaba emocionado.

emilio vitoriaFoto: Emilio Moreno López

SWIM

Me coloco cerca de los 60´. El silencio impone. El Speaker nos recuerda dónde estamos y nos anima a soltar la adrenalina en forma de aplausos. Es impresionante este momento. Salida de un IRONMAN. Casi nada. Me coloco las gafas y el gorro como 500 veces. Qué tensión. Vuelvo a recordar dónde estaba hacía un año y me vuelvo a emocionar. Pienso en mi abuela. Justo en ese momento, sobre esa hora me dieron la notica el año pasado que había fallecido. Recuerdo que estaba a punto de salir en bici cuando mi madre me lo dijo. Así que misma hora y mismo día. Esta carrera iba para ella, eso lo tenía en mi mente desde que vi que este IRONMAN se celebraría el 14 de julio.

Salida en Rolling Start. Muy limpia. Veo a los míos en la zona izquierd donde me había puesto para lanzarles el último beso. Qué gran momento. Había arrancado el IRONMAN de Vitoria. Los primeros metros son muy cómodos, en realidad toda la natación. El primer objetivo estaba claro, los 1500m de la primera boya a la cual llego a 1:39/100. Me sorprendió el ritmo. Echo cálculos y me vengo arriba. Podía salir en 01h05´, que era a lo máximo que podía aspirar. Un año después de la operación de hombro estaba teniendo mi mejor carrera.

Me doy cuenta que no me salta en el Garmin la alarma de los 500 metros que siempre tengo puesta. Eso me despista un poco. Tras girar los 1500 ya no tengo muchas noticias de cuántos metros llevaba. Otra boya, otra, echo un vistazo al reloj pero tan solo consigo ver 1:46/100. No veo metros, pero voy más lento. Cambio un poco la técnica de brazadas y hace que se me haga más ameno. Cada 4 brazadas saco la cabeza para orientarme. Me noto más fluido así, pero se me empieza a hacer un poco largo, más que nada porque no tenía referencias de metros. Voy cómodo y con ganas. Creo que nadando bien. Por fin veo la carpa blanca de la T1. Último giro y en línea recta ( eso pensaba) a por la bici. Vuelvo a mirar el reloj y… ¡01:43/100. Subidón. Unos días antes en Navacerrada había hecho 4000m en 01:47/100 y Lanzarote 2017 a 01:49/100. Así que perfecto. Pero cuando pongo pie a tierra… ¡4140 metros! 340 de regalo. Madre mía. 01h11´tiempo oficial, pero eso sí a 01:43/100. Qué lástima porque había nadado como nunca pero la orientación en algún tramo fue horrible.

BIKE 

A pesar de los metros de más salgo muy bien del agua. Contento por el ritmo, así que la moral sigue intacta. Veo a todos y me dispongo a coger la bici. Una transición un poco lenta, voy mejorando pero tengo que seguir entrenando este aspecto porque puedo hacerlo mucho mejor.

En bici la estrategia es clara. Vamos a 190-200wNp y a tratar de equipararlos al máximo con los vatios medios. No pasarme en las subidas y morir en los llanos y bajadas. Sé que es mi sector. Donde más fuerte me encuentro y donde más iba a disfrutar. Los primeros kilómetros son un poco de tanteo hasta que entro en calor. Siempre me pasa lo mismo. Las piernas un poco agarrotadas, se me calientan a la mínima y me cuesta ir cómodo. Pero esa sensación pasa rápido. En mi cabeza me hago mi estrategia mental. 3 vueltas de 60kms e intentar hacerlas en sub1h45´,es decir, rondando los 35km/h de media que me haría plantarme en Vitoria en 5 horas raspadas.

Voy muy cómodo. Paso a mucha gente en las infinitas rectas de la estepa alavesa. La postura que me dejó Luarca es increíblemente sostenible y a la vez aerodinámica al máximo. Primeros 24kms a 34,2. Llegamos a lo más pestoso del circuito y lo salvo con 32,07. Primeros 52kms donde ya entro en calor y de verdad empieza mi carrera haciendo mi mejor paso intermedio por el kilómetro 71 a 37 de media. Voy feliz. Pero llega un momento cumbre, vital en el devenir del IRONMAN al que no doy importancia. Se me cae un bidón de agua. Decido no parar por miedo a ser embestido y tiro hasta el siguiente avituallamiento. Estoy un rato sin beber porque no me pilla cerca. 750ml de agua perdidos. Cojo otro pero ya nada será igual. Había dejado de ingerir esos 750ml valiosos y no bebería después lo suficiente. Trago de Maurten + agua. Eso a rajatabla, pero luego pequé de relajación y no bebí con más asiduidad.

emilio vitoriaFoto: Ironman Vitoria – Finisher Pix

Mientras tanto sigo volando. 35 de media, 195NP y sensaciones buenísimas. Tenía muy claro que no me iba a pasar de los vatios estimados. Si con esa potencia me daba para esa velocidad, pues así llegaríamos a Vitoria. El paso por el 120km lo clavo. 01h40´escasos. Como la primera. Sé que voy a estar en 5horas escasas pero no contaba con los malditos calambres por no beber lo suficiente. A partir del kilómetro 130 el isquio derecho me dio un aviso. Abajo, casi a la altura de la rodilla. Pensé que sería cansancio por la postura. Pero fue a más. El derecho, el izquierdo y los cuadriceps. Así hasta el 160 más o menos sobreviviendo y aprovechando la buena aerodinámica en las rectas donde no había que hacer mucha presión en los pedales y los calambres eran más llevaderos. No daba crédito. 5000kms de bici preparando esta carrera, una cicloturista a fuego, salidas de 160,170kms y jamás un calambre. Vaya cagada. Pero histórica. Ya no iba a ser capaz de recuperarme.

Los últimos 15kms fueron un suplicio. Cada pedalada, un calambre. Me pilla una subida con rampas del 12-13% y muero. Plato pequeño, piñón más grande posible y a subsistir. Se me está cayendo la media y los vatios. Ya estoy en 34 y poco y apenas 186 normalizados. Había que salvar este lío de la mejor forma posible, pero ya sabía que la maratón iba a ser muy complicada.

La llegada a Vitoria fue un cúmulo de sensaciones encontradas. Estaba deseando encontrarme con mi familia pero a la vez estaba muy preocupado por cómo bajarme literalmente de la bici. Estaba tan mal que me daba miedo caerme al sacar los pies de los pedales. Llego a la T2 y se me acerca un voluntario con mucha rapidez para cogerme mi Argon. Le digo que tranquilo, que no me puedo mover. La deshidratación que traía era de órdago. Decido tumbar la bici y sacar el pie levantándolo lo menos posible del suelo. Así por lo menos consigo no caerme delante de 100o personas que abarrotaban la T2. Me dicen que si llaman a un médico. Sigo sin  poder moverme. La gente me anima, intento andar de talones y pruebo. Parece que se va soltando algo mientras ando así. Viene una cuesta abajo camino de la carpa. El ambiente era increíble. Trato de trotar y parece que los calambres desaparecen un poco. Qué mal lo estaba pasando. Aun así gran parcial de bici con 05h15′, 34,2 de media y 186wNP con 180 medios y 132 de pulso. Me pareció un circuito engañoso. Rápido pero a la vez duro. Y más con viento. De los que te castigan.

RUN 

Me encuentro a Rocío, mis padres, los niños… Me preguntan cómo estoy  y me dicen que voy increíble, que he llegado muy rápido. Pero yo ya aviso que voy mal, muy acalambrado pero que nada me iba a detener. Justo en la carpa veo a Sarasketa, había abandonado. Me presta ayuda. ¿Necesitas algo?, siempre con su generosidad habitual. Me anima y me dice que van a estar todos apoyándome en estos 42k

Salí a correr  con 06h35´de carrera total. A pesar de todo podía a hacer un gran tiempo. Había soñado con hacer sub 10, sabía que eso pasaba por una maratón increíble y con salir a correr con 06:20 como máximo de tiempo total, pero tal y como iba esa idea se me fue de la cabeza. No tenía piernas para hacer 3h25´en la maratón.  Pero si hacía una maratón digna, estaba en condiciones de hacer 10 horas y poco. Salgo de la T2 y literalmente me vuelvo loco. Todo el casco antiguo está a reventar. El ambiente es increíble. Y las piernas se me van. Primer kilómetro a 4:40, segundo a 04:42. ¿Qué necesidad había de ello, Emi? Pues ninguna. Los calambres se me fueron, tenía ganas, muchas ganas. Los entrenamientos de carrera a pie habían sido buenísimos y sabía que podía correr muy bien. Así que sigo apretando. Llego a los 5k a ritmo de 5:00 pelado. Mario me dice que afloje. Que voy muy rápido. Que apenas llevo 7 horas de carrera y que tengo muchísimo margen para hacer un carrerón. Junto a él están sus otros dos hermanos. Augusto y Juanjo. Gracias infinitas por el apoyo.

Sigo con el plan de alimentación. Alterno cada 25´geles de cafeína y Maurten. El estómago va perfecto. Tomo Totum, de hecho Mario me tiene que dar alguno más porque sabía que iba a ser muy duro el camino hasta la meta. 10 kilómetros a 05:20, sigo con muchas ganas pero cada vez más lento. Pienso que todo el tiempo que le ganara corriendo bien eso que adelantaría. Pero la deshidratación de la bici volvió a salir. Hasta el kilómetro 20 aguanto más o menos bien. Llego al centro y veo a mi afición. Están como locos. Los niños corren a mi  lado. Rocío y mis padres dándome ánimos. Paso la contrameta y el ambiente es mágico. Jamás viví algo así. Pero empiezo a venirme abajo. Tengo unos calambres muy fuertes y todavía me quedan algo más de 20kms. Es el peor momento de la carrera y mi familia lo nota. Los vuelvo a ver pero no tengo alegría.  Casi ni contesto a sus ánimos. Aquí empezaba el verdadero IRONMAN. Pero debía de ser más fuerte que nunca.

emilio vitoriaFoto: Ironman Vitoria – Finisher Pix

Quedan dos vueltas y el tiempo sigue siendo buenísimo. Tenía el sub11 a tiro. Lo intento. Me organizo mentalmente y me creo etapas de 5kms. Paro en los avituallamientos a beber bien, pero los calambres seguían. Tenía ganas de más, pero no podía. Un quiero y no puedo en toda regla. Fue frustrante ya que tenía muchas esperanzas puestas en esta maratón. Pero así son las carreras. No hay excusas. Si te equivocas, lo pagas. Y como me dijo Sandra, 3 bidones de agua habiendo metido 80gr de hidratos a la hora, era una deshidratación de manual.

Mario me ve sufrir. Al trote, lo que las piernas me iban dejando. 06:30, 06:40, 06:50… Empiezo a asumir que los últimos kilómetros serían así. Llego de nuevo al casco antiguo mucho más liberado. Sabiendo que una vuelta más y ya iba para meta. Vuelvo a ser feliz. Los niños corren como locos a mi lado, bueno bastante más rápido que yo. Momento muy emocionante. Nunca me fallan. Rocío me dice que tranquilo que no queda nada, mi padre con sus arengas habituales y mi madre corriendo cual madre coraje también a mi lado. Son muy grandes.

El sub11 sigue ahí, pero a falta de 3kms me doy cuenta que no va a poder ser. Intenté apretar un poco pero literalmente me quedé clavado en el sitio. El cuadriceps se me subió hasta el cuello. No bajaba ni a tiros. Se pararon dos chavales de Lanzarote a auxiliarme. Qué cracks. Me dijeron algo que nunca olvidaré. “Venimos de hacer Lanzarote y pensábamos que Vitoria sería un paseo. Y aquí estamos, andando en la primera vuelta. No se le puede perder el respeto a esta distancia.” Qué razón tenían. Me dan un bote de magnesio y más sales. Parece que se me pasa y vuelvo a correr. Me despido de ellos y les doy ánimos.

Después de ese latigazo en el cuadriceps me olvido del ritmo, el sub11 ya no era posible. Quito el ritmo del reloj y cambio el chip. Me dedico los últimos 3kms a disfrutar. Chocando la mano a todos los niños, agradeciendo a todo el mundo las muestras de cariño… Incluso me vengo arriba con un numeroso grupo de portugueses engrandeciendo a Mourinho y Cristiano. Me voy colocando la gorra y las gafas. De hecho me paro en un escaparate para comprobar que todo estaba en su sitio y que iba a salir la foto perfecta. Ya sabéis. Cosas del postureo. Me encuentro a @rubs21rubia (todo ok José Luis) que se pone a mi lado a saludarme. Me hace ilusión encontrarle, ya que solo nos conocíamos de Instagram. No fue el único.También @toleranciacero y algunos que me gritaban @tri4dream. Lo que no consigan las redes sociales… Muy agradecido.

emilio vitoriaFoto: Ironman Vitoria – Finisher Pix

Último kilómetro. Aquí rompo a llorar. Se me vienen un montón de recuerdos a la cabeza. El accidente, el sufrimiento, los madrugones… y mi abuela. Sobre todo mi abuela. Y también me acuerdo d mi abuelo, que tiene 92 años y fue él quien me inculcó la pasión por el ciclismo. Habría dado la vida por estar conmigo en Vitoria. Empiezo a escuchar al Speaker. Las calles están a reventar. Madre mía de mi vida. Qué ambientazo. Intento controlar la emoción. No veía casi con las lágrimas. Giro a derechas para enfilar la contrameta. Empiezo a fijarme en los míos. Quería abrazarme con ellos. La grada parece el Bernabeu. Entro en la Plaza de España, giro la vista a la derecha y veo la que para mí es la imagen del Ironman. Jacobo (8) con mi gorra para atrás, puños en alto, casi cayéndose a la fila de abajo con unos gritos de emoción cual Barra Brava que me marcaron. Otra vez a llorar. Detrás de él Lucas, Rocío, Pablo, Bosco, mis padres… La emoción es máxima. También me encuentro con amigos de la Fundación Almar de Bilbao que habían estado apoyándome toda la carrera. Al final no conseguí los 5000€ del reto solidario, pero el orgullo que siento por ayudar a la gente que lo necesita es máximo. Al final fueron unos valiosísimos 2300€. En total, 16200€ en 4 retos. Olé.

emilio vitoriaFoto: Ironman Vitoria-Finisher Pix

Últimos metros, enfilo la recta de meta y vuelvo a pensar en mi abuela. Dedo al cielo, dedicatoria a la afición que estaba en la otra esquina con un “va por vosotros”, y ahora sí que sí. A punto de cruzar el arco de meta me sale toda la rabia que llevaba acumulada desde el día del accidente. Puños apretados, grito desgarrador con un “vamooooooooooos” que hizo temblar los cimientos de la Plaza de España.

“You’re an Ironman”, Emilio Moreno López. 11horas 8 minutos de máximo sufrimiento y máximo disfrute. Me ponen la medalla y vuelvo a romper a llorar con un chico de la organización que me abraza como si fuera mi padre. Qué momento. Difícil describirlo con palabras. Mi tercer IRONMAN, sin duda el más especial por todo lo que he sufrido para llegar aquí. Muy orgulloso de lo que he conseguido. Sobre todo por saber pelear en este duro camino y por tener la fortaleza mental de hierro para superar los peores momentos.

Sabía que no te iba a fallarabuela. Esta carrera desde el principio iba dedicada a ti. Por todo lo que me querías. Por cómo me cuidaste y me quisiste. Lo entregaste todo por mi. Y yo debía hacer mismo. Darte lo máximo mientras estabas a mi lado y ahora que no estás estaba obligado a conseguir esta medalla de finisher para ti.  Vuelvo a ser un IRONMAN, abuela.  Porque sí, los sueños están para cumplirse, incluso los imposibles. Aunque ya no estés a mi lado, jamás podré olvidarte. Te quiero para siempre.

Gracias a todos los que habéis hecho posible que este sueño se haya hecho realidad. Aunque la historia no acaba aquí. Mientras terminaba esta crónica, me llegaba un correo donde me informaban que había sido el ganador del I Concurso 3M Futuro a la respuesta más original a la pregunta: ¿Qué es para ti tener #actitudfuturo? El premio nada más y nada menos era la inscripción al IRONMAN Barcelona 2019 que se disputará el próximo 6 de octubre. En una nube. Así que, sigamos soñando…

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